Es un salón de ensayos para coro y orquesta que conserva en su techo reminiscencias de un pasado industrial. Poleas y engranajes del siglo XIX quedan ahí como testigos de la primera fábrica textil mecanizada de América. Esa fábrica se llamó La Constancia y dicen que se llama así porque la maquinaria que se importó de Europa no llegó sino hasta el tercer intento; la primera vez se hundió en altamar y la segunda la hurtaron los piratas. Desde sus inicios en 1835 hasta su cierre en 1991, La Constancia sirvió como un motor económico para la región de Puebla. Cuando cerró, el edificio quedó abandonado a su suerte hasta que en 2001 la ciudad lo expropió y decidió darle un nuevo uso. Ahora, es la sede del Instituto Superior de Música Esperanza Azteca (ISMEA), un proyecto que nace en el 2001 con un coro y una orquesta juvenil y que ahora atiende a sobre 18,000 jóvenes de escasos recursos en todo México. Existen dos requisitos para participar de este proyecto de educación musical comunitario y gratuito. Uno es estar interesado en hacer música. No media una audición y no se necesita educación previa. Parte de su filosofía es que todos los niños pueden aprender música y sus logros, en menos de diez años, así lo han demostrado. Muchos de sus alumnos, a su corta edad, han obtenido premios nacionales incluso al competir contra músicos adultos y profesionales. El segundo requisito es, justamente, ser menor de edad. La Fundación Azteca, entidad privada que en colaboración con el Estado subvenciona el proyecto, provee los instrumentos musicales que de otra forma los pequeños músicos no podrían costear.
Tejer la voz
Published by 80grados on July 4, 2019.